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    Shared on 13.9.2010 by Ricardo Alonso Maturana

    Realidad, conocimiento, lenguaje y representación...entrelazados en una Eterna Trenza Dorada (An Eternal Golden Braid) o, tal y como se lo imaginaba Escher, subiendo y bajando escaleras sin cesar en una especie de infierno lógico. Los videos de Evelien Lohbeck (1983) nos muestran que estamos tan lejos del mundo, como del conocimiento del mundo. Es el mismo misterio que experimentó Magritte cuando en un arrebato genial se quiso fumar un cuadro que representaba una pipa: pero si... ¡Esto no es una pipa!

    Muchos creen que cualquiera podría haberse dado cuenta, pero a poco que uno se detenga a pensar, rápidamente cae en la cuenta de que no. En el lenguaje, en todos los lenguajes, las cosas se distraen de lo que son para convertirse en significados. Las palabras son muy humildes y, en general, se dan muy poca importancia. "El rinoceronte, bestia muda, parece decir 'aquí estoy yo'", escribe Adorno en su Teoría Estética. Adorno se dio cuenta de que los rinocerontes son mucho menos humildes que las palabras. En general todas las cosas, incluso las más pequeñas, tienen un enorme ego. Las cosas se presentan, pero no las palabras, que la mayor parte de las veces están por algo que no son ellas mismas, por cosas, pero también están las palabras que significan palabras, o conjuntos de ellas. Ya se sabe, va un ciempiés y se cae, y se cae, y se cae...

    Las pinturas, los cuadros o los cuentos funcionan como gigantescas proposiciones, como frases u oraciones a veces un tanto crípticas. Pero siempre su significado está fuera de ellos mismas y por ello, nos alejan del mundo. La mayor parte de la gente (adulta), con mucho sentido común, le tiene mucho más miedo a un rinoceronte que a la palabra "rinoceronte"; pero algunos saben, como los niños o como Borges, que uno puede vivir en los cuentos (y enloquecer si no es capaz de sacarse de la cabeza ni por un momento la idea de una moneda de diez céntimos o imaginar perpetuamente una piel de tigre). Funes, el memorioso, tuvo que retirarse a la oscuridad, porque su portentosa memoria le obligaba a rememoraciones tan precisas que la evocación de un día le llevaba un día entero. Es el mismo temor que le asaltó a Descartes, sin angustiarlo, cuando pensó, quizá con gran criterio, que este mundo que creemos percibir como real, tal vez no sea más que el sueño de un dios o de un espíritu de una fantasía insondable.

    Todo es ficción y cuando te animas a subir por la escalera del sueño de Jacob, que conecta el mundo de aquí con el de allí, entonces caes en la cuenta de que Matrix o Los Otros pueden ser algo más que una peli. No hay agujero de gusano que vaya del significado a las cosas, ni de todos los significados de todas las palabras al mundo. Cuando subes por la escalera, al final está un individuo llamado Ludwig (el hermano de Paul, aquel pianista que sólo con la mano izquierda era capaz de representar el sonido de todo un mundo) que no tiene las llaves de ningún cielo, pero que cuando llegas tira la escalera que acabas de culminar y te invita a subir el siguiente tramo mientras te susurra al oído: "Ahora tienes la visión justa del mundo". Weinberger ha debido subir por esa escalera; dice que el problema de la sobreinformación en la red no se soluciona con menos información, sino con más: con información sobre la información, com metadatos, etiquetas, categorías...hasta llegar al siguiente tramo: el eterno misterio del mundo.

    Pueden verse más videos, en general magníficos, de esta animadora y artista holandesa en su página web, o en su perfil de youtube

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